domingo, 22 de diciembre de 2013

Renoir




Renoir nació en 1841 en el seno de una familia humilde. Su padre era sastre y su madre era costura. A Renoir siempre le intereso la pintura y cuando era joven se hizo con el material necesario para pintar al óleo y así comenzó a realizar sus primeros retratos. A una edad muy joven marcho a París con su familia donde pudo ingresar en la Academia de bellas arte en el taller Charles Gleyre. Allí se encontró con Monet, Sisley y Bazille. Que con el tiempo se hicieron buenos amigos y  solían pintar al aire libre en los diferentes parques de París.

En las pinturas de Renoir se intuye la influencia que tuvieron Delacroix, Ingres y Manet en él. De hecho, en toda la vida pictórica de Renoir encontramos que hay diversas fases como una donde se nota la supremacía del dibujo sobre el color. No obstante, Renoir se interesó como nadie del grupo de los impresionistas (quizás solo Degas le supera en ese aspecto) en la sensualidad, sobre todo en las mujeres y el mundo propio del s XVIII. Pues cuando era joven le encantaba ir al Louvre y allí se dejó influir por los trabajos que Delacroix había realizado. Así mismo, cuando visito el salón de los rechazados inaugurado por Napoleón III supo apreciar la nueva tendencia que surgía ligada a la persona de Manet.

Al igual que todos los impresionistas en sus comienzos su gama cromática se aclaró al igual que la técnica no era la misma. Al principio se alejó de las influencias de Coubert y el propio Manet para poder experimentar el por su cuenta y con su labor le podemos incluir claramente en el grupo de los impresionistas. En los numerosos óleos que pinto podemos apreciar que sus libres y pequeñas pinceladas, en ocasiones yuxtapuestas, a base de colores complementarios, puesto que lo que quería evitar era la regia composición que se venía arrastrando desde hace años. Renoir supo como nadie manejar las pinceladas y por ello muchas de sus obras relucen con un brillo casi céreo apartándose de la plasticidad característica de algunos impresionistas. Esta constituiría la primera etapa. 



Charles le coeur en un jardín (1874)



Sendero en cuesta entre la hierba (1874)


















En cuanto a la segunda, se aleja de los principios del impresionismo y le da mayor importancia a la línea y al dibujo frente al color aunque no por ello pierde esa gran ejecución que caracterizo sus cuadros. En el cuadro el almuerzo de los remeros se empieza a vislumbrar ese cambio en la composición y la técnica, pues vemos que ciertas partes del cuerpo de algunos personajes se resaltan o se perfilan con un mayor detalle. Tras su viaje  Italia, que se considera transcendental pues tras el mismo volvió a recuperar el dibujo y aprender a pintar como él mismo reconoció más tarde según las fuentes. Un claro ejemplo de ese cambio en la técnica lo vemos en las bañistas donde podemos apreciar que fija más su atención en la composición y en el volumen que antaño. De hecho, lo único que nos remitiría al impresionismo es el fondo donde sí se aprecia una pincelada más suelta. así mismo hay que destacar Los paraguas donde vemos un mayor dominio de la linea y el dibujo que de la pincelada suelta y grácil que era propia del grupo impresionista. 
Los paraguas (1881-5)



Las Bañistas (1884-7)





Tras esto, vino la tercera etapa donde se produce una vuelta a los principios impresionistas dejando de lado la importancia por el dibujo aunque no del todo, pero sí dando una mayor importancia en sus composiciones al dibujo. Pues ante todo, lo que destaca su obra, es que Renoir sabía emplear los colores como ningún otro y también se dedicó a experimentar con la luz para saber cual era la mejor forma de plasmarla sobre el cuerpo como vemos en mujer desnuda al sol que pertenecería a una etapa anterior, algo que siempre le obsesiono. 



Bañistas (1918)

Mujer desnuda al sol (1876)




Como hemos podido ver Renoir se interesa por la figura humana, su volumen y su movimiento alejándose en algunas ocasiones de lo que representa el Impresionismo. Sin embargo, en sus obras más impresionistas podemos observar los principios de captación de a luz y el momento caracterizadas con una pincelada suave y espontánea como en los siguientes cuadros: 
El almuerzo de los remeros (1881) óleo sobre lienzo
  
Le Moulin de la Galette (1876) óleo sobre lienzo





Carmen Álvaro Bizarro

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