jueves, 7 de noviembre de 2013

Museos Impresionistas por el mundo (I).


Musée d´Orsay. París.

(Carlota Álvarez Maylín A1)
Este museo se encuentra situado en pleno centro de París a orillas del río Sena. El museo esta instalado en la antigua estación de tren de Orsay

En 1897 el Estado cede el terreno en el que se encontraba el Palacio de Orsay para construir una estación que se situara en el centro de París. Victor Laloux fue el encargado de diseñar la estación de tren, dos años duró su construcción y el 14 de julio de 1900 se inauguró para la Exposición Universal de París. De 1900 a 1939 el edificio cumplió su función de estación y fue cabeza de la linea suroeste de Francia. En 1939 la estación se quedó pequeña y fue convertida en un centro de expedición de cartas durante la guerra y más tarde actuará como lugar de acogida para los prisioneros durante la Liberacion. También durante esta época fue escenario de peliculas y de actuaciones teatrales. En 1973 la Dirección de Museos de Francia propone la estación de Orsay como museo donde se expongan obras de la segunda mitad del s. XIX. Finalmente en 1978 el edificio es declarado monumento histórico y se plantea la dirección del nuevo Museo de Orsay. En 1986 François Mitterrand inauguró el museo que se abrirá al público el 9 de diciembre de este mismo año.

Su exterior esta marcado por un estilo academico mientras que en el interior impera el modernismo. Cuenta con un gran hall precedido por un vestibulo y un soportal abierto. El grupo ACT-Architecture se encargó de la transformación de la estación en museo, dotaron al museo de tres niveles, una planta baja donde las salas estan a ambos lados del patio central, un nivel intermedio donde se encuentran las terrazas y las salas de exposición y finalmente el piso superior que da a la calle. En estos tres niveles se encuentran las obras expuestas. El interior es obra del arquitecto Gae Aulenti, se encargó de cubrir el piso y los muros de piedra, además las obras de arte están expuestas mediante un juego de volúmenes que visualmente crea más espacios de los existentes.

El Museo recibe unos 3.5 millones de visitantes al año y cada año va en aumento.

Este museo en un principio se nutrió de las donaciones prinvadas, gran parte de las obras impresionistas que posee el museo proceden de este origen (Un entierro en Ornans de Courbet, La Primavera de Millet). En este momento el éxito de los artistas depende de la opinión de los críticos, esto favorece la creación de nuevas escuelas que innoven en el panorama de la época. En el museo se exponían obras que seguían la moda de la época, pero en 1890 un grupo de artistas logra que se exponga la Olympia de Manet, pero el impresionismo no termina de triunfar en el museo, no triunfará hasta 1897 cuando el “legado de Caillebotte”, que contenía cuadros de artistas como Degas, Manet, Cézanne, Monet y Renoir, entre en el museo, es entonces cuando el estado empieza a adquirir cuadros impresionistas y mas vanguardistas para el museo, como Las Chicas al Piano de Renoir o Desayuno en la hierba de Manet.




Bibliografía.


The Metropolitan Museum of Art (MET). Nueva York.

El Museo Metropolitan de Nueva York fue fundado en 1866, consta de tres partes, el Edificio Principal en la 5ª Avenida, los jardines al norte de Manhattan y los claustros. 

La historia del Museo comienza en París cuando un grupo de artistas americanos decide crear una galería de arte americano. El 13 de abril de 1870 el museo Metropolitan abría sus puertas en a 5ª Avenida, poco a poco el museo fue adquiriendo obras de todo tipo y de épocas muy variadas. La gran sorpresa llegó cuando Robert Lee Jenkins donó su colección privada al museo. Desde entonces el museo a base de donaciones privadas o de compras por parte de su fundación ha conseguido acumular 2 millones de obras. El museo acumula obras tales como un templo egipcio o una magnifica colección de arte impresionista. 

En 1899 el museo contaba con obras impresionistas por donaciones privadas pero es en este momento cuando su fundación decide comprar dos trabajos de Édouard Manet. Durante el siglo XIX el museo se convirtió en uno de más valorados centros de arte. En 1907 el museo adquirió una pintura de Auguste Renoir, y en 1910 el MET fue la primera institución pública que adquirió un Matisse.

La colección de pintores impresionistas de este museo esta englobada en la colección de pintores europeos, que engloba desde Giotto hasta Gauguin. Esta colección esta conformada por el Departamento de Pinturas Europeas, la Lehman Collection y la Linsky Collection. Su colección de obras impresionistas únicamente es superada por los museos parisinos, pues cuenta con retratos y obras de Corot, Courbet, Monet, Degas, Cézanne y Van Gogh.





Bibliografía.
Historia del Museo y del impresionismo en el Museo (en inglés): http://www.metmuseum.org/about-the-museum/history-of-the-museum/main-building

Museo Thyssen.

El museo Thyssen Bornemisza fue creado en 1992 en pleno centro de la ciudad de Madrid, en el Paseo del Prado junto a los dos museos más importantes de España, el Museo del Prado y el Museo Reina Sofia. Su historia se remonta a 1988 cuando se funda la Fundación Thyssen-Bornemisza basada en la gestión privada de los fondos públicos. En la actualidad el museo contiene dos colecciones procedentes del legado Thyssen-Bornemisza. 

La Colección Thyssen-Bornemisza era hasta 1993 la colección privada más importante del mundo, esta colección fue formada por el Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza a lo largo de su vida. En 1993 el estado español adquiere esta colección. Esta colección se expone en el museo permanentemente. La colección se inició en los años 20 centrandose sobre todo en el mundo antiguo, en 1947 la colección ya contaba con 525 cuadros aproximadamente. A partir de los años 60 se formó dentro de la colección otra colección, la Colección de Maestros Modernos, esta colección se centró en un primer momento en el expresionismo alemán, pero poco a poco se abrió la colección a otros movimientos vanguardistas y llegó a hacerse con importantes pinturas impresionistas, postimpresionistas, cubistas, realistas, etc. Toda esta colección se expuso en Villa Favorita, pero conforme la colección iba creciendo el espacio se hizo pequeño, es entonces cuando el barón decide trasladar la colección de Italia a España, instalándola en el Palacio de Villahermosa, donde se pudo exponer la colección completa por primera vez. La adquisición de obras no terminó con la instalación en madrid, Carmen Thyseen- Bornemisza continuó con la tradición familiar creando su propia colección.

La colección Carmen Thyssen-Bornemisza comenzó a exponerse en el año 2004. Las dos colecciones juntas contienen alrededor de mil obras de arte, donde prevalecen las pinturas. Contiene obras muy variadas que ofrecen un recorrido desde el siglo XIII hasta finales del siglo XX y actualidad.
El Museo Thyseen cuenta con una de las colecciones de arte impresionistas más importantes de España. En esta colección podemos ver obras de Van Gogh, Manet, Renoir, Degas, etc.




Bibliografía.
Historia del Museo y de su Colección: http://www.museothyssen.org/thyssen/historia

lunes, 4 de noviembre de 2013

Vincent Van Gogh: concibiendo el paisaje desde el interior:

Vincent Van Gogh: concibiendo el paisaje desde el interior:

De nuevo en el panorama postimpresionista de Vincent Van Gogh (1853-1890)  recalcamos hoy su carácter autodidacta y su singular personalidad. Es difícil tratar cualquier obra de este artista sin tener que incidir en algún aspecto de su vida personal. Desde sus inicios contrasta con la corriente en la que se le ha encasillado, el impresionismo, por sentir a Millet como el representante y precursor del arte moderno, en vez de al difundido Manet. Además como los artistas del momento, Van Gogh recibió una educación académica, pero poco fructífera. Digamos que su evolución como pintor dependió de su situación emocional del momento. 

Sus muy extendidas obras paisajistas rompen con los modelos del momento. Partiendo del simple concepto de que su pincelada es mucho más brusca que la de sus compañeros impresionistas, sus colores más intensos y sus contrastes de luces más bruscos, tenemos un estilo que desconcertó el panorama pictórico del momento. Es conocida su afición por pintar al aire libre e intentar captar situaciones en las que otros artistas no habían incidido. Un ejemplo de ello es el mistral: un viento frío, seco y fuerte que sopla en torno al norte del Valle del Ródano. Van Gogh entiende el fenómeno como la cólera y la ira de la naturaleza personificadas pero que también renueva el ambiente y se lleva consigo lo yermo para dejar paso a lo nuevo. "Trigal con cipreses" y "Sembrador" son dos obras que nos hablan de este interés paisajista del holandés.  En ambas vemos la incidencia de la idea del sol y la luz impresionista, pero también el reflejo del mistral, un fenómeno contra el que el sembrador no puede luchar y contra lo que los cipreses se retuercen en escorzos difíciles. En estas obras también vemos la influencia de los temas campestres y de la representación de los campesinos como hacía Millet. 
"El Sembrador" Museo Van Gogh 1888

"Trigal con cipreses" Museo Van Gogh 1888


Paulatinamente la pincelada de Van Gogh llega a extremos inconcebibles para sus contemporáneos. Experimenta con colores extremos, curvas y contracurvas imposibles y crea obras fuertes, movidas que transmiten intranquilidad y rompen la serenidad de "Los nenúfares" que Monet había postulado para el impresionismo.  El mejor ejemplo de ello se da en "La noche estrellada" donde no concebimos una noche con oscuros sobre blancos para armonizar la composición, sino una noche donde brilla la intensidad, donde el amarillo resplandece victorioso y devora a la oscuridad, llegando a ser hasta más viva que el propio día. Además introduce elementos de la Provenza como el Ciprés y de la urbe como las agujas de las iglesias, que una vez más toman formas retorcidas para seguir el orden en la anarquía interior del artista. La simbología de las estrellas guarda un trasfondo: Van Gogh concibe los símbolos estelares como místicos, como vehículos que le hacen ir más allá y salir de este mundo terrenal. Por ello las representa nítidas, impactantes, hasta feroces - ganando partido a la oscuridad e iluminando como faroles las angustias interiores del desafortunado pintor. Tal vez, al contemplarlas, pudiese evadirse una vez más de sus muchos traumas y problemas psicóticos originados por el rechazo social que sufría constantemente y por el rechazo a sus obras y estilo propio. 



La noche estrellada. 1889. Óleo sobre lienzo. Museo de Arte Moderno de Nueva York.



Sin duda, donde demuestra su pericia con los colores es en sus "nocturnos". Se trata de una colección donde nos enseña los misterios que guarda la noche y nos transmite como sale a pasear al caer la luz para dejar salir sus problemas junto a toda la serie de personajes pintorescos que la noche conlleva. El mayor ejemplo de ello es su "Café de noche" donde vemos un pequeño local que no cierra hasta el amanecer y es allí donde buscan cobijo los rechazados por el día. Mediante vertiginosas perspectivas nos ofrece a borrachos ahogando las penas sobre las mesas, a camareros que atienden perezosos, dormilones, parejas de amantes... Significando el pecado y el lugar donde se arruina la gente, por eso nos plasma las lamparas de gas con una atmósfera un tanto infernal, cerrada, que ahoga y oprime. Matizada por el contraste de verdes y rojos, siendo colores oscuros y pesarosos. Otro paisaje nocturno propio que se une a este repertorio es el de "café al exterior" que funde la idea de noche estrellada y café de noche, siendo el paso de la libertad nocturna al refugio oscuro. 

"Café en la noche" 1888 Museo Van Gogh

"Café al exterior" 1888 Museo Van Gogh


El Place Lamartine de Arles será el refugio para la desolada alma del artista. El pintor aquila toda un ala de la estructura con el fin de ofrecer refugio a pintores aislados y en la ruina. "La casa amarilla" o "casa de la luz" será la utopía que Van Gogh jamás pudo hacer florecer. Buscaba crear un espacio de colaboración conjunta, donde los artistas pudiesen soñar y motivarse, trabajar juntos, sin ser juzgados ni menospreciados por la sociedad. Además buscaba un fin similar al de Gaudín, convertir este espacio en un "Taller de mediodía" un tránsito del artísta hacia su viaje formativo como pintor hacia el sur. 
Además de las series de "Girasoles" tan mundialmente conocidos que decoran la casa como símbolo de gratitud para el artista, pinta "El dormitorio". Otra de sus famosas obras que representa la propia habitación del pintor por medio de colores complementarios equilibrados con los que buscaba fomentar la creatividad e imaginación. En su búsqueda de la tranquilidad y seguridad, peca de exajerar demasiado la perspectiva. Lo que desequilibra la obra y crea un cuadro carente de firmeza, que además de subcitar a múltiples interpretaciones, transmite movimiento e inseguridad en su disposición, lo que muchos argumentarán como "si la habitación se volcara sobre el espectador". 

"La Casa Amarilla" 1888
"Serie de Girasoles" 1888


"El Dormitorio"

Para finalizar este recorrido de los lugares más profundos de Van Gogh, destacamos "El huerto de los olivos". Tema en un principio religioso que se transforma con su muerte. Inicialmente, pretende recrear el escenario del pasaje bíblico, pero su poco gusto por la representación de temas religiosos  le lleva a crear de nuevo un espacio reflejo de su maltrecha alma. El ambiente está cargado de un profundo terror, pero las formas de los árboles recuerdan a formas humanas, por lo que el paisaje es una pura contradicción. Las líneas están  firmemente marcadas y muy atenuadas, lo que aumenta la sensación de vértigo ya comentada anteriormente por la perspectiva desequilibrada. La composición no presenta un orden ni armonía y eso desconcierta al espectador. Uniendo las características citadas, tenemos de nuevo una obra trascendental, no muy conocida respecto a otras del autor, que nos lleva a una ruptura con los armoniosos y "blanditos" paisajes anteriores, ya que es un reflejo de firmeza y fuerza, de la más pura cólera retenida. El punto clave de la obra es que se dice que es el retrato del paisaje donde Van Gogh acabó con su vida mediante un tiro limpio el 30 de marzo de 1853. Sea como fuere, no podría haber elegido un escenario más contradictorio para su muerte que el que pretendió que fuese una de sus pocas y muy huidas representaciones religiosas.


"El huerto de olivos" 1887
Con este apartado damos por finalizado el ciclo de "concibiendo el paisaje interior". 
Por Fernando Malta Avis a 04/11/2013



domingo, 3 de noviembre de 2013

Exposiciones Impresionistas.



Exposiciones Impresionistas:

Luis Quiñones García.

            Durante los años anteriores a 1870 ya se había desarrollado en Paris un grupo de artistas más o menos estable caracterizado por las tertulias en el café Guerbois, a las que no acudían solamente pintores sino también críticos como Zola o fotógrafos como Nadar. La guerra franco prusiana supuso en este sentido un punto importante en el desarrollo del colectivo ya que significó la dispersión de la mayoría de sus miembros, Manet, Renoir y Bazille se alistaron en el ejercito, Pissarro y Monet huyeron a Londres y Cezanne se refugió en el campo, así como el fin de las reuniones y en parte de la actividad artística conjunta durante un tiempo (Momplet Miguez, 1980).

            En 1871 en medio de una inestable situación de postguerra los pintores retoman sus reuniones en el café Guerbois aunque con ausencias tan destacadas como la de Bazille que había muerto en combate. Parece ser que fue en este momento, en el que los artistas se debatían entre la participación en las exposiciones oficiales del Salón y las suyas propias, cuando Monet recuperó la idea que ya había tratado en 1867 con Bazille de desarrollar una exposición conjunta del grupo (Rewald, 1994). La propuesta despertó diversas opiniones ya que algunos miembros como Pissarro se mostraron entusiasmados mientras que otros como Degas temían que el proyecto se convirtiera en una nueva exposición de rechazados. Lo cierto es que en 1874 se fundó, por iniciativa de Pissarro, la Sociedad anónima cooperativa de artistas, pintores, escultores, grabadores, etc. que a partir de ese momento se encargaría de organizar los eventos del grupo. Una vez conseguido el local, un estudio cedido por el fotógrafo Nadar en el bulevar des Capucines, se procedió a determinar la colocación de los cuadros mediante un procedimiento que habría de perdurar en el resto de exposiciones, se le encargaba la tarea a un comité que en esta primera ocasión estaría presidido por Renoir.

Impresión, sol naciente. Claude Monet.
            La primera exposición del grupo, al que aun no se le había etiquetado como impresionista, quedó inaugurada el 14 de Abril de 1874 y en ella se exponían obras de Monet, Renoir, Sisley, Pissarro, Degas y Morisot. Además se contaba con la participación de profesionales como Boudin o Adolphe-Felix Cals y aficionados como Latouche, que era fabricante de marcos y marchante de arte (Thomson, 2001)Por otro lado Degas había logrado, no sin dificultad, convencer a Tissot y Levert, del mismo modo que Pissarro logró la participación de Guillaumin y Cezanne (Rewald, 1994). En total se reunieron 165 telas de treinta artistas en el local de Nadar, siendo el único requisito para acceder abonar el franco que valía la entrada.

            De acuerdo con el propio Pissarro la crítica les maltrato (Rewald, 1994) aunque se calcula que solo cinco de las menciones aparecidas en 52 periódicos fueron abiertamente hostiles (Thomson, 2001). Sin embargo sí es cierto que esas críticas fueron las más populares y las que más pesaron sobre los diferentes participantes en la exposición, especialmente entre ese grupo de jóvenes ambiciosos que buscaban hacerse un hueco en el nuevo panorama del arte. Hasta tal punto tuvieron efecto estas publicaciones que el propio nombre del grupo procede de una de ellas. El termino impresionismo fue acuñado con un significado peyorativo por Louis Leroy en una de sus criticas en la que hacía referencia a una obra de Monet expuesta en el estudio y titulada Impresión, sol naciente (Thomson, 2001).
 
Los acuchilladores de parqué. Gustave Caillebote.
            En 1876, tras dos años en los que los artistas habían estado trabajando en sus proyectos independientes y en algunas subastas en las que habían ido surgiendo coleccionistas que apreciaban su estilo, el grupo decidió volver a enfrentarse al público y a la crítica en una nueva exposición (Rewald, 1994). En esta ocasión el lugar elegido fueron las galerías de la rue le Peletier que la sociedad había alquilado a Durand-Ruel, quedando inaugurado el evento artístico en el mes de Abril con la presencia de 252 telas y nuevos autores como Caillebote, Dasboutin, Legros o Tillot (Rewald, 1994), no obstante el número total de pintores fue menor que en la anterior muestra ya que los mejor situados en los círculos oficiales se abstuvieron de asistir ante los ataques de la crítica. Lo cierto es que en esta ocasión la afluencia de público fue menor aunque no la beligerancia de algunas publicaciones que atacaban a un grupo con un estilo cada vez más consolidado y que ya comenzaba a ejercer su influencia en las obras del salón, cada vez más preocupadas por la luz (Rewald, 1994). Aunque el término “impresionistas” no había sido asumido aun por el grupo era cada vez más utilizado entre los críticos, incluidos aquellos que se mostraban favorables, y pese a que Zola había propuesto denominaciones como naturalistas cada vez eran más numerosos en el grupo de artistas quienes se inclinaban a adoptarlo como propio. En este sentido nos encontramos una de las primeras fracturas del grupo, que enfrentaba a Cezanne, a Pissarro, a Monet y a Degas, a la que además hay que sumar las opiniones que Degas y sus más allegados hacían circular en torno a la pintura de interior y de figuras frente a la temática paisajística mayoritaria entre los pintores del café Guerbois (Rewald, 1994).
Baile en el Moulin de la Galette. Pierre-Auguste Renoir.

            En este contexto la exposición de 1877 no habría sido posible sin los esfuerzos de Caillebotte y Renoir, quienes se ocuparon de mandar las invitaciones y de citar al grupo a una reunión en la que se trataría otro de los temas polémicos, la participación en el salón oficial (Rewald, 1994). Degas se impuso en este sentido y la sociedad prohibió a sus miembros exponer en el Salón y en su propia exposición, lo que no gusto a artistas como Cezanne o Monet (Thomson, 2001), sin embargo la exposición fue por primera vez anunciada y titulada como Impresionista, algo que Degas no acabo de admitir y que le llevo a minimizar sus aportaciones. En medio de este ambiente de cada vez mayor tensión en el las filas del grupo quedó inaugurada su tercera cita con el público en la que tan solo participaron 18 artistas (Rewald, 1994) y que tuvo lugar en el número seis de la calle le Peletier, cerca de los estudios de Durand-Ruel. En esta ocasión el público y la critica continuaron con sus burlas aunque ya era frecuente que autores como Georges Riviere salieran en defensa de las obras de Cezanne y Renoir (Thomson, 2001). Puede ser que las nuevas críticas fueran las que motivaron que una vez cerrada la exposición el 30 de Abril se decidiera organizar una nueva subasta. El éxito de este evento comercial fue bastante moderado y aunque conto con la presencia de Pissarro y Caillebotte no logro atraer a Monet (Rewald, 1994).

            En los años posteriores a la tercera exposición había tenido lugar un hecho relevante para el grupo, las tertulias se habían trasladado del café Guerbois al café de la Nueva Atenas (Momplet Miguez, 1980), además en 1879 con motivo de la cuarta exposición se acrecienta la división. Es muy significativa la ausencia de Renoir, Sisley, Cezanne y Morisot, quienes optaron por participar en el salón oficial y por lo tanto asumieron la imposibilidad de exponer en la cita del grupo (Rewald, 1994). Por otra parte Degas había conseguido nombrar la exposición como de independientes, abandonando la denominación impresionista, e incluir en ellas a un grupo de artistas cercanos a su persona y tesis. De este modo nos encontramos con la participación de quince artistas entre los que destaca Caillebotte, que al igual que en la anterior ocasión se ocupo de la organización, Degas, Monet, Pissarro y los nuevos participantes como Cassat, Forain o Zandomeneghi (Rewald, 1994). La critica continuo siendo beligerante pero la afluencia de público aumento y se hizo cada vez más evidente el predominio de los autores especializados en los interiores y el moldeado de figuras sobre los paisajistas (Thomson, 2001).
La plaza Valhubert. Armand Guillaumin.

            La quinta exposición, que tuvo lugar en 1880, supuso el triunfo absoluto de Degas. Además de los autores que ya había introducido en la cita anterior logró también la incorporación al grupo de Raffaelli, cuyo intento de adhesión había despertado una gran oposición en 1879 (Rewald, 1994). Monet, al igual que Renoir, Sisley y Cezanne, no participó en esta ocasión ya que había decidido buscar el éxito en el Salón mediante diversas telas que había presentado al jurado ese mismo año. La exposición se inauguro en Abril y tuvo lugar en el numero 10 de la rue des Pyramides, anunciándose como de artistas independientes (Rewald, 1994). Lo cierto es que ante las incorporaciones motivadas por Degas solo Pissarro representaba en la exposición el impresionismo “clásico”, un hecho que fue identificado con facilidad y desconcierto por los seguidores y la crítica, que cada vez diferenciaba más entre los verdaderos impresionistas y los nuevos artistas que se iban incorporando (Rewald, 1994).

         
El Otoño. Mary Cassat.
  
En el año siguiente tuvo lugar una nueva exposición del grupo (1881) en la que continuo el dominio de Degas y sus seguidores, de este modo se mantuvo el apelativo de “independientes” y el predominio de las telas centradas en los interiores y las figuras humanas
(Thomson, 2001). Este es un momento en el que la división del grupo parecía consumada y en el que los artistas tomaban caminos cada vez mas separados, aunque cabe destacar que cada vez aparecían más críticos favorables al estilo, como Castagnay o Duranty, y coleccionistas particulares que contribuían al sostenimiento económico de los pintores (Momplet Miguez, 1980).

            En 1882 tuvo lugar un giro importantísimo en la historia del impresionismo y se dio la exposición más homogénea, en cuanto al estilo, de todas las que se habían celebrado hasta el momento (Momplet Miguez, 1980). La séptima exposición del grupo se llevó a cabo gracias a la mediación que Pissarro y Morisot llevaron a cabo entre las diferentes partes enfrentadas. Consiguieron que Renoir, Sisley y Monet volvieran a participar en el evento aunque no lograron evitar el abandono de Degas (Thomson, 2001). El joven Gauguin había adoptado un papel agresivo durante la preparación de la exposición y logro excluir a Raffaelli, motivo por el cual Degas consideró herido su orgullo y se negó a participar. El resultado fue que la exposición volvió al impresionismo más clásico centrado en los paisajes y la influencia de la luz, con obras tan representativas como la serie de acantilados de Normandía de Monet (Thomson, 2001).

            En 1886 se desarrollo por iniciativa de Pissarro y gracias a la organización de Morisot y su marido la última de las exposiciones impresionistas (Momplet Miguez, 1980). Monet, Renoir, Sisley y Cezanne estaban cada vez menos implicados en el movimiento y no fue posible incluirlos en el catalogo de la exposición (Thomson, 2001). Además había ido surgiendo una nueva generación de artistas apoyada por Pissarro y aparentemente liderada por Seurat (Seurat, Signac y Lucien Pissarro) que logró participar en el evento disponiendo de una sala independiente en los salones que se habían alquilado (Momplet Miguez, 1980). Degas volvió a exponer junto con su grupo de afines compuesto en este caso por Cassat y Forain por lo que el estilo en su sentido original o clásico solo estaba representado por Gauguin, Guillaumin y Morisot (Thomson, 2001). En esta ocasión la crítica se centro en ese grupo de jóvenes e innovadores artistas que en estos momentos comenzaban a dar salida a un nuevo estilo conocido como puntillismo o divisionismo pero que aun eran catalogados como un subgrupo dentro del impresionismo y denominados como neoimpresionistas. Por lo tanto esta exposición supuso el fin de una etapa y la apertura de nuevos horizontes marcados por esta nueva generación que comenzaba a superar a los fundadores del impresionismo al mismo tiempo que exploraba nuevas tendencias y estilos (Momplet Miguez, 1980).
Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte. Georges Seurat.

Bibliografía: 

Momplet Miguez, A. E. (1980). El Impresionismo. Madrid: Publicaciones del Ministerio de Cultura.

Rewald, J. (1994). Historia del Impresionismo. Barcelona: Seix Barral.

Thomson, B. (2001). El Impresionismo. Orígenes, práctica y acogida. Barcelona: Editorial Destino.

sábado, 26 de octubre de 2013

EL IMPRESIONISMO


¿Cómo surgió el Impresionismo?


El Impresionismo surgió como una nueva corriente distinta a lo establecido. El punto de partida lo constituye Monet con Impresión, Amanecer (1873) que mostró en una exposición junto a otros artistas que conformaban el grupo “Pintores, Escultores, Grabadores, etc. S. A.” La obra en sí nos muestra los cambios que se fueron fraguando en épocas anteriores como esos efectos atmosféricos pasajeros que estaban estrechamente ligados con la tecnología de la época.
Monet Impresión, Amanecer (1873)

El grupo de aristas que conformarían la corriente impresionista los encontramos divididos en dos grandes grupos en relación al lugar donde desarrollaron su carrera. Por una parte tenemos el grupo que perteneció a la Académie Suisse como Monet Pissarro y Cézanne. Por el otro lado tenemos a aquellos artistas ligados al estudio de Charles Gleyre en el École de Beaux-Arts entre los que encontramos a Renoir, Sisley y Bazille.

Todos ellos estaban en contra de la formación clásica y conservadora impuesta por las distintas instituciones. Estaban a favor de un nuevo estilo más centrado en los paisajes de un modo impreciso y atrevido. En realidad, los impresionistas de alguna forma fueron una especie de revolucionarios al no seguir las normas establecidas para el arte, ya que para poder triunfar los artistas de la época tenían que subordinarse a los presupuestos artísticos que regían en este momento. Sin embargo, durante el Segundo Imperio, Napoleón III llevo a cabo una estrategia propagandística y permitió que el Salon no estuviera tan dominado por el clasicismo; de esta forma se expusieron por igual las obras que seguían las normas establecidas como las que no. Aunque esto último, no evito las duras críticas que recibían las obras de los impresionistas.

Los factores clave que caracterizan al Impresionismo es la representación de escenas de la vida ya sea bien en un paisaje rural como moderno con ese toque impreciso y abocetado. Pero no sólo eso, los impresionistas se caracterizaban por realizar sus obras al aire libre pues según ellos lo importante era captar el instante de lo que veían y plasmarlo en sus lienzos.

Aspectos técnicos y artísticos

Quizás el aspecto que más repercusiones tuvo en el Impresionismo fue la sustitución del modo de ver, es decir, desde hace tiempo venía rigiendo la visión monocular y estática propia de épocas como el Renacimiento. Pero ahora con las nuevas tecnologías como el ferrocarril supusieron un nuevo modo de ver basado en contornos imprecisos debido a la velocidad. Lo que no muestra que tanto la realizad como la naturaleza de las cosas es subjetiva dependiendo del modo en que la veamos.

Así pues, otro desarrollo innovador fue la fotografía que surgió en 1839 de la mano de Daguerre quien inventó la máquina fotográfica. La fotografía en ocasiones ha sido complemento de la pintura y en otras un rival. La fotografía ayudo a comprender aún más la captación de momentos fugaces con lo que está íntimamente relacionado con el modo de ver y ello podía restar protagonismo a las pinturas que estuviesen orientadas a la captación de momentos fugaces. No obstante, la fotografía en sus primeros momentos era en blanco y negro lo cual representaba una ventaja para los pintores pues podían centrarse en los colores y en la libertad de movimiento.

Otros dos apoyos fundamentalmente estéticos que sirvieron al Impresionismo a ir cogiendo forma fueron: las estampas japonesas y la concepción oriental de la perspectiva. Está última hace referencia a que ya no hay un único punto de fuga por lo que las composiciones pueden mezclarse arbitrariamente. Además, se dan cambios importantes en la organización de las composiciones artísticas sobre todo en los encuadres.

Renoir, Monet pintando en su jardín en Argenteuil (1873)
Tampoco hay que olvidar otro aspecto anteriormente mencionado que es la pintura al aire libre. Para el impresionista era muy importante poder captar ese momento fugaz unido a las sensaciones y emociones que el paisaje le transmitía. Un punto básico para el impresionista era la luz que se encuentra relacionado con pintar al aire libre, pues un mismo objeto podía representarse de maneras distintas al igual que transmitir diferentes emociones dependiendo de la luz. Por lo tanto, esto nos muestra que la realidad es muy relativa y depende íntegramente del momento en el que el artista capta esa realidad. Un claro ejemplo de la importancia de la luz en la captación del momento lo encontramos de la mano de Monet con la Catedral de Rouen.



Monet, Catedral de Rouen (1894)

Monet, Catedral de Rouen (1894)






















Renoir, La Grenouillère (1868)
En relación al color, este a principios del siglo XIX no es que contara con un gran abanico cromático, pues recordemos que lo que seguía predominando frente al color era la línea, una característica propia del Neoclasicismo, plasmada en multitud de ocasiones en la importancia del dibujo frente a la forma. De hecho, los impresionistas disuelven los contornos con el fin de mostrar ese momento fugaz e impreciso que los caracteriza. Sin embargo, un aspecto clave para entender la paleta multicolor que empleaban los impresionistas es la aplicación de esos colores según la teoría de un químico llamado Chevreul sobre la ley del contraste.

Esta ley venía a decir que sólo existían tres colores primigenios (azul, rojo y amarillo) y que mezclándolos se obtendrían tres secundarios (violeta, verde y naranja). Los impresionistas en vez de mezclar los colores en sus paletas y después aplicarlo sobre el lienzo lo que hicieron fue algo más ingenioso. Ponían los colores uno junto a otro sin que se mezclaran del todo para que fuera la retina del espectador la que terminara de completar la visión de los mismos. La repercusión de esto fue que se terminó por eliminar el negro ya que no es un color natural y se sustituyó por otros colores; a su vez, esto hizo que se eliminara en gran media la sensación de claroscuro.

La técnica que utilizan los impresionistas es suelta y ligera, la pincelada pequeña y vigorosa, en ocasiones pastosa y en otras totalmente diluida. Utilizaban esta técnica porque era la más adecuada para la rapidez con la que tenían que realizar sus obras en base a la captación del momento.

Morisot, Eugène Monet en la isla de Wight (1875)
Y por último, en cuanto a la temática, contaban con temas cotidianos reflejo no tanto de la sociedad del momento sino de su entorno. Podemos encontrar representaciones de paisajes diversos, vistas urbanas, de ferrocarriles así como de sus estaciones, de bailes, retratos, momentos íntimos, etc.




Pissarro, Huerta en L'Hermitage, Pontoise (1874)














Su legado

El legado de los impresionista está vinculado a los aspectos anteriormente explicados como por ejemplo el color. Los impresioncitas supieron ganar esa libertad que anteriormente se había perdido; en épocas anteriores el color que se utilizaba para dar sombras y crear sugestivos efectos de claroscuro era el negro peor con la corriente impresionista se empezaron a utilizar otros colores para las sombras. Antes la sombra era concebida siempre como un color más oscuro al que se estaba utilizando pero con los impresionistas se pudo comprender que en las sombras también hay color.

Monet, El Gran Canal, Venecia (1908)
Hay que tener en cuenta que el aspecto de la pincelada espontánea, breve y suelta no sólo tiene lugar en el Impresionismo y por eso mismo no es un elemento definitorio de este tipo de arte aunque a veces se le considera como tal.



Sin embargo, el mayor logro del Impresionismo fue deshacerse de todos esos convencionalismos que habían sido impuestos en las diferentes instituciones artísticas y que supusieron el camino hacia nuevos métodos y técnicas.




Carmen Álvaro Bizarro